Encabezado


PortadaKyelAlfilBlanco

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    COLECCIÓN:


    LO MALDITO



NOVELA




RESEÑA:

K. y el Alfil Blanco: Un astillero, un vecindario, una viola, el ajedrez, K. y un alfil blanco y una cantidad incontable de genialidades de Antón Rei, una verdadera maravilla, como si 1984, Lo mejor que le puede pasar a un croissant, La nausea y Rayuela se hubieran fusionado, dando por resultado una locura de lucidez y humor que poquitas veces se ha visto en literatura. K. y el Alfil Blanco es una historia que con ironía y magia en la escritura nos muestra un viaje compuesto de muchos viajes, donde la vida de los trabajadores de un astillero y un vecindario muy particular se entremezclan sin descanso girando alrededor de un personaje totalmente genuino: Sinforoso Juskowiak, que como si navegara en el presente cuando es selva de incomprensiones nos narra la vida que viven él y su entorno, y qué entorno… Antón Rei ha creado un imaginario muy personal donde de la risa al hachazo filosófico nos muerde sobre lo que es la sociedad cuando se mira con ojo atento: Puro enjambre de chispas y curiosidades donde en cualquier esquina hay un mundo que narrar, y así lo hace. Disfrutadlo, es su primera obra, y las que vendrán...

FRAGMENTO:

Los sueños raros y la memoria atormentan a Sinforoso desde que tiene conciencia, como si fueran el enemigo en casa dispuesto a desbaratarlo.
―¿Qué tal va todo, Juskowiak? Somos nosotros de nuevo.
Le hubiese gustado cerrar la puerta, pero han entrado. Se plantan en la cocina a tomar café.
―Cómo has cambiado, chico, no sé si te reconozco. Aún llevas el pelo rizo, de lo contrario tendría dudas. ¿Es que no estabas contento?
Abusan de la ironía y los chantajes emocionales, convierten a Sinforoso en volcán activo. Primero ataca con solfataras, después con reacciones incandescentes.
―¡Dejad en paz a los muertos! Yo no soy ya a quién buscabais.
Los recuerdos sonríen con pena y se sientan en la butaca.
―Claro que sí, compañero. Tienes derecho a enfadarte, pero no a ser desagradecido. ¿Acaso no aceptas lo que hemos hecho?
―Callad para siempre. No formáis parte de mí.
―Es una pena que no lo asumas, venimos para quedarnos. Por cierto, te manda saludos K.