PRÓLOGO de la escritora ADRIANA
BAÑARES:
¿QUIÉNES FUERON LOS
CABRONES QUE ASESINARON LA TERNURA?
Ey, Alicia, ¿por qué
huyes? ¿Qué crees que encontrarás a través del espejo? No creas que
puedes escapar de los recuerdos. Recuerda que soy capaz de ver a través
de la piel y desde aquí aún puedo ver en tus ojos el color del miedo.
Tu cuerpo repleto de monstruos, se te pegan como sanguijuelas. ¿Sientes
cómo absorben tu vida?
Ey, Alicia, ¿sabes cómo
llamo yo a tu trastorno? Carcoma emocional. Escucha bien dentro de tu
cabeza. ¿La oyes roer? Ávida de recuerdos vergonzosos te corroe. ¿Crees
que podrás huir de lo que fuiste? Por mucho que corras tu conciencia
gritará “Soy culpable”. Tu alma ya está demasiado sucia como para poder
sobrevivir con dignidad a la muerte.
Ey, Alicia, sabes bien
qué ocurrirá cuando termines. Despertarás en un charco de podredumbre.
Te mirarás al otro lado del espejo y lo comprenderás, por fin, que el
demonio eres tú y el sueño de ser Erika habrá terminado.
Bajo la luz naranja del
eterno domingo de resurrección te verás desnuda y sola, condenada por
tu deseo. Torturada por los recuerdos, aún, a pesar de todo. Ansiando
desde lo más profundo de tu ser volver a ser carne para disfrutar del
sexo más violento.
Ego pervertum.
Tú. Alicia. Verás pasar
al conejo con su enorme reloj, y en tu angustia sin final sabrás que el
tiempo ya no tiene sentido.
La luz naranja se apagará
y, en las sombras, demonio inmoral, te ocultarás pariendo cientos de
los tuyos. Cientos de demonios interiores que habrán de torturarte por
siempre jamás sin que tú puedas repudiarlos. Porque ante todo aún temes
la soledad tanto como a ti misma.
Ey, Alicia, date la
vuelta y ven conmigo.
No temas.
Papá cuidará de ti.