Encabezado


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DESCÁRGATE LAS PRIMERAS PÁGINAS DEL LIBRO


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    COLECCIÓN:


    LO MALDITO



NOVELA



RESEÑA:

Saudade -Tévez Black: Cartas desde un lugar parecido a la locura-, es la tercera de las tres novelas del escritor Rubén Darío Fernández, que componen una trilogía sobre el sentir de nuestro tiempo, este comenzar del siglo XXI.

Cordura y locura. Lo aceptado y lo rechazado. La mente y sus laberintos. Tévez Black es profesor de Literatura y Filosofía, trabajo que ama y detesta por igual. Tévez Black vivió en primera persona los mecanismos de generación de sociedades desde el aparato judicial: Perder la custodia de su hija por ser él un hombre y no una mujer. Vivió en primera persona el dicho de que para hacer una tortilla es necesario romper los huevos, sin importar el dolor que se cause. Este hecho cambia su vida, su sentir sobre su entorno, percibiendo la mascarada que supone vivir en sociedad, la pérdida voluntaria de empatía sobre la vida y padeceres de los demás para vivir en el engaño y la mentira como manera, por cobardía, para ser aceptados en sociedad, de pasar los días. Tévez piensa en que se ha olvidado que son las personas las que hacen a las sociedades y no las sociedades las que hacen a las personas.
Tévez envía cuentos y cartas a una editora por la que se siente atraído, tanto por su trabajo como por su persona, para ir sintiéndose a sí mismo. Tévez va dejándose llevar hasta donde su mente quiera, recordando su infancia, su juventud, su vida actual, pensando en el futuro extraño que tiene delante de sí, pensando en que no hay más remedio que seguir andando para descubrir lo que sucederá: Desde lo más extraordinario, a lo más normal. Vivir, piensa, vivir es sólo andar.

FRAGMENTO:

Maravillas miserables, miserables maravillas o El diestro y La siniestra.

Estaba decidido: Una maleta con ropa para unos cuantos días, y un dolor insoportable en el pecho. La Estación de Francia, donde ese joven escapando de la infancia, no quedaba lejos a pie. Emprender un viaje sin dinero es de lo más reconfortante para levantar unos sentimientos abatidos, y con dinero, ya, ni te cuento: Debe de ser la hostia. Toda la incertidumbre que pesa proyectada desde los recuerdos, se eleva ligera ante la incertidumbre de un nuevo porvenir, donde todos los recuerdos, sí, van contigo, pero te importan un rábano. Está muy bien eso de afrontar, plantarle cara al dolor y a tus circunstancias, mirarlas y escupirlas hasta que las desarmas. Sí, está muy bien ser valiente y tener los cojones de plomo para hacerle frente al aguante. Pero a mí la vida me ha enseñado, hasta ahora, dos cosas de bastante importancia: que es corta, y que es muy pero que muy corta. De donde deduzco inmediatamente que no hay tiempo que perder, ni en duelos, ni en dolores.